domingo, 8 de febrero de 2026

Más allá del Litigio. El Arte de la Convivencia Legal.

 

DE LOS VALORES DEL RESPETO, LA CORDIALIDAD, LA FRATERNIDAD Y LA COLABORACIÓN ENTRE COLEGAS.

El compañerismo entre abogados, un valor que debería formar parte intrínseca de nuestra profesión. Esta semana, por varios motivos, he tenido conversar y negociar asuntos con dos colegas distintos. Dos situaciones aparentemente similares y dos formas completamente opuestas de entender el ejercicio de nuestra profesión. Con uno de ellos, el trato fue ejemplar. Amabilidad, disponibilidad y, sobre todo, una clara predisposición a escuchar y a buscar una solución razonable para ambas partes. Esto no significa ceder en la defensa de tu cliente ni renunciar a tus argumentos jurídicos. Significa entender que el conflicto pertenece a las partes y no a sus abogados. Nosotros estamos para solucionar problemas -o al menos intentarlo-, no para incrementarlos. Con el otro colega, la experiencia fue bien distinta. Varias llamadas filtradas por su secretaria, continuos “está reunido” y, la famosa frase: es que tiene audiencia y está concentrado (…). No era tanto el tiempo que le iba a demorar, simplemente contestarme puntualmente un asunto pendiente. Cuando finalmente conseguí hablar con él, la respuesta fue tan escueta que no permitió avanzar absolutamente nada. El problema no es la falta de tiempo, puesto que todos tenemos agendas apretadas. El problema radica en la falta de diligencia en el trato hacia el compañero, dicho de otro modo, la voluntad.

La negociación entre letrados es, muchas veces, la vía más eficaz para solucionar conflictos, reducir costes emocionales y económicos para los clientes y, en definitiva, dignificar nuestra profesión. Ser un buen abogado o una buena abogada no solo consiste en dominar el Derecho en la materia o materias que se especialice, o bien litigar con solvencia. También implica saber dialogar, escuchar y tratar con lealtad al compañero o compañera colega que está al otro lado. Al menos, así entiendo yo el ejercicio de esta profesión.

Ahora bien, la profesión de abogacía se define, por naturaleza, mediante el conflicto. El abogado o abogada nace y se hace en la dialéctica, en la contraposición de argumentos y en la defensa de intereses que, casi siempre, son excluyentes. Sin embargo, existe un peligro latente en confundir la firmeza de la defensa con la hostilidad personal. La verdadera estatura de un jurista no se mide solo por sus victorias en los tribunales, sino por su capacidad de mantener los pilares del respeto, la cordialidad, la fraternidad y la colaboración con sus colegas.

El respeto no es una simple norma de cortesía; es el reconocimiento de que el adversario es un profesional cumpliendo una función social tan legítima como la propia. Cuando el respeto desaparece, el proceso judicial se degrada. La cordialidad actúa aquí como el lubricante que permite que los engranajes de la justicia giren sin fricciones innecesarias.

Un trato amable entre abogados no debilita la posición de un cliente; al contrario, facilita la comunicación y permite que el foco permanezca en los hechos y el derecho, y no en ataques ad hominem que solo logran dilatar los procesos y agotar emocionalmente a las partes.

La fraternidad jurídica surge de la consciencia de pertenecer a una tradición milenaria. Los abogados compartimos los mismos desafíos: la presión de los plazos, la responsabilidad sobre el patrimonio o la libertad ajena, y la constante actualización académica.

Esta hermandad profesional debería manifestarse en el apoyo mutuo, especialmente hacia los colegas más jóvenes. Una comunidad legal fraterna es aquella que:

  • Comparte criterios ante lagunas legales.
  • Mantiene la palabra empeñada (el famoso "pacto de caballeros").
  • Entiende que la derrota de hoy puede ser la victoria de mañana, pero el colega siempre estará ahí.

La colaboración, aunque parezca contradictorio en un entorno competitivo, es una herramienta de alta eficiencia. Un abogado colaborativo busca soluciones, no solo problemas. Esto se traduce en la capacidad de llegar a acuerdos extrajudiciales beneficiosos, simplificar trámites procesales y evitar litigios innecesarios que saturan el sistema.

En conclusión, la justicia no es un juego de suma cero donde uno debe destruir al otro para ganar. Es un ecosistema que requiere equilibrio. El respeto, la cordialidad, la fraternidad y la colaboración transforman la abogacía de un oficio de mercenarios a una profesión noble.

Al final del día, la toga se guarda, pero la reputación y la integridad que se forjaron en el trato con los demás son lo único que permanece.

"La abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras cargando tu alma de rencor, llegará un día en que la vida será para ti imposible. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota." — Decálogo del Abogado, Couture.

 

Lic. Luis Rodríguez M. | ABOGADO

8 de febrero de 2026







 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Más allá del Litigio. El Arte de la Convivencia Legal.

  DE LOS VALORES DEL RESPETO, LA CORDIALIDAD, LA FRATERNIDAD Y LA COLABORACIÓN ENTRE COLEGAS. El compañerismo entre abogados, un valor qu...